La violencia desplazó a más de 40,000 personas, dejando una huella de miedo y zozobra. La Iglesia, en su papel de esperanza, apela al diálogo y a la reconciliación.
En una región marcada por el conflicto armado, los obispos de Tibú, Cúcuta y Ocaña han alzado su voz para describir la compleja crisis humanitaria que atraviesa el Catatumbo, en Norte de Santander. Los líderes religiosos compartieron cifras alarmantes y enviaron un mensaje directo al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y otros actores armados, apelando a la paz y el diálogo.
Una región en incertidumbre y desplazamiento
El Catatumbo vive bajo una tensa calma, donde el conflicto no cesa completamente. Según los obispos, la violencia ha desplazado a más de 40,000 personas y dejado más de 40 muertos, afectando especialmente a Tibú. Monseñor Omar Alberto Sánchez, obispo de Tibú, describió un panorama de zozobra: “La gente quiere regresar, pero el miedo y la presencia de los grupos armados mantienen una incertidumbre total”.
La Diócesis de Tibú, junto a la Alcaldía y la Gobernación, ha habilitado cinco refugios para asistir a los desplazados. En estos albergues se han acogido hasta 600 personas en un solo espacio. Además, la Iglesia ha movilizado a su personal e instalaciones para brindar apoyo humanitario y espiritual.
Testimonios desgarradores y el rol de la Iglesia
Monseñor José Libardo Garcés, obispo de Cúcuta, relató los testimonios de quienes han huido del *Catatumbo* en busca de refugio. Las personas llegan con historias de terror: familias forzadas a abandonar sus hogares tras ser amenazadas por los grupos armados. “El testimonio generalizado es que salieron desesperados, solo para salvar sus vidas”, señaló.
En respuesta a esta crisis, la Diócesis de Cúcuta ha enviado ayuda humanitaria, como 60 toneladas de alimentos y elementos de aseo, a Tibú para evitar que más desplazados lleguen a la ciudad. Además, la Iglesia sigue desempeñando su papel de acompañamiento espiritual, brindando esperanza y consuelo a las víctimas.
Un mensaje de paz
La Iglesia católica, desde su misión pastoral, ha insistido en la necesidad de diálogos y corredores humanitarios. Los obispos han llevado mensajes de paz y reconciliación incluso en encuentros personales con los grupos armados. Aunque reconocen que no pueden mediar formalmente, su labor ha sido la de facilitar conversaciones y mantener viva la esperanza.
El mensaje de los líderes religiosos es claro: la violencia no es el camino. Apelan a la sensatez de los actores armados para que cesen las hostilidades y permitan a las comunidades regresar a sus hogares sin temor. La Iglesia reitera su disposición para seguir trabajando por la paz en medio de la adversidad, con la convicción de que la reconciliación es posible.
En una región devastada por el conflicto, la labor de los obispos del Catatumbo se erige como un faro de esperanza, recordando que, incluso en los momentos más oscuros, la paz sigue siendo un camino posible.



