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En el barrio San Luis existe la singular Casa Taller Las Moyas

En el barrio San Luis, vía a La Calera, existe la Casa Taller Las Moyas, un lugar pensado para el aprendizaje, la lúdica e interacción de los niños y jóvenes de esta zona marginal de 20.000 habitantes. Algunos de ellos juegan sin supervisión en las carreteras destapadas y pastizales que configuran los cerros nororientales, donde hay una hermosa vista panorámica de la ciudad, pero también se percibe el abandono estatal.

a situación de salud pública por la pandemia, que suma un año y siete meses, en su inicio ocasionó un confinamiento general y un momento bastante crítico para este barrio dependiente de la administración de Chapinero. La condición de pobreza se incrementó y pañuelos rojos eran colgados afuera de las casas como señal de emergencia. En este territorio semi rural, las personas incrédulas del virus no adaptaron las medidas de bioseguridad y los infantes retornaron a las calles sin ninguna precaución.

 “Lo que veíamos era que a pesar de que la pandemia estaba, los niños seguían en la calle. No había colegio, no había comedor comunitario, no había nada. Los papás tenían que mirar cómo se rebuscaban, pero los niños no estaban aislados. Se les veía sin tapabocas”, así lo expresa Nicolasa Díaz, fundadora de la Casa Taller, una mujer de 50 años que se describe como una soñadora, enamorada de la vida e interesada en ayudar al otro.

Nico, como es llamada por algunos de los niños de Las Moyas, explica que la principal razón que los llevó a reabrir a tan solo 15 días de haber comenzado el aislamiento fue presenciar que los menores de entre 6 y 10 años jugueteaban muy cerca de una olla donde personas expenden y consumen sustancias alucinógenas. Aquel instante la consternó por completo y decidió realizar una reunión con padres y niños del barrio para coordinar las acciones de apertura con los protocolos necesarios y, de esta manera ofrecer nuevamente un refugio.

En este lugar, la convivencia es tan estrecha con los niños que se puede reconocer con facilidad a aquellos que tienen un rol de liderazgo y apoyan a los más pequeños con las tareas del colegio, o los orientan sobre las actividades de la casa como el reciclaje y manejo de residuos sólidos en el invernadero. En el recorrido por los corrales nos encontramos con Sandra Gualteros, otra de las jóvenes que ha participado por 17 años en Las Moyas, y quien explica que “la casa es autosostenible por los productos que hacemos y vendemos”.

Durante la pandemia la venta a través de trueques y contribuciones tuvieron una mayor importancia, se fortalecieron los vínculos colaborativos entre vecinos y se integraron también niños migrantes. Nicolasa, expresa que todo lo vivido en los últimos meses causó que desde la Casa Taller estuvieran mucho más activos en las actividades de la comunidad. Y además, cree que el legado de este lugar nace del proceso pedagógico cotidiano que se ha construido con los niños.

“La idea de nosotros es irnos y esa idea no es muy lejana. Nosotros queremos que quede en manos de la comunidad y de los chicos de Casa de Taller. Yo creo que ya he hecho un proceso que tiene mucha fuerza y que demanda que sea asumido por los mismos jóvenes de la comunidad”, dice.

Fuente: El Tiempo