La conversación sobre el acoso en la industria del entretenimiento colombiana se reavivó tras el testimonio de la actriz María José Martínez, y encontró eco en la voz de una de las figuras más visibles de la televisión nacional: Claudia Bahamón.
Su reacción, difundida a través de las redes sociales, no sólo replicó la historia que circulaba, sino que la convirtió en punto de partida para una reflexión más amplia sobre las prácticas normalizadas en los entornos laborales.
Si bien Martínez no apuntó directamente a ningún programa ni a personas específicas, su relato –compartido en un espacio de conversación digital– expuso una experiencia de acoso que, según explicó, ocurrió en el contexto de un reality show de televisión.
La historia rápidamente generó reacciones, entre ellas la de Bahamón, quien decidió amplificar el mensaje y acompañarlo con su propia declaración.
Una afirmación que va más allá del caso concreto
Lejos de centrarse en detalles específicos del testimonio, Bahamón optó por abordar el problema desde una dimensión estructural. En su mensaje dejó claro que no se trata de hechos aislados, sino situaciones que muchas mujeres han enfrentado directa o indirectamente en sus espacios laborales.
“Hoy quiero hablar de algo que duele”, escribió marcando desde el principio un tono íntimo y reflexivo. A partir de ahí, reconoció que ha sido testigo de experiencias similares en su entorno profesional, lo que reforzó su decisión de hablar públicamente.
Uno de los ejes centrales de su mensaje fue el apoyo explícito a las víctimas. “Les creo, los veo y estoy de su lado”, dijo, subrayando la importancia de validar las experiencias de quienes denuncian. También insistió en que el silencio no debe interpretarse como debilidad, sino como una respuesta comprensible al miedo y la confusión que muchas veces acompañan a estas situaciones.
«Decidir hablar hoy, mañana o muchos años después no los hace débiles, los hace profundamente valientes y no pueden ser juzgados», añadió.
La normalización del acoso, en el centro del debate
Más allá del apoyo emocional, la presentadora se centró en un aspecto clave: la normalización de conductas que, durante años, han sido minimizadas o disfrazadas de bromas, halagos o dinámicas laborales “comunes”.
«Y a quienes han traspasado límites, a quienes han abusado de su poder o han disfrazado de 'normalidad' la falta de respeto: ya no hay lugar para eso», afirmó, en uno de los tramos más contundentes de su intervención.
Para ilustrar esta idea, compartió algunas de las frases más representativas –entre varias que mencionó– que, según explicó, se han repetido durante años en diferentes contextos y han contribuido a normalizar conductas inapropiadas. Expresiones que, aunque suelen disfrazarse de elogios o bromas, pueden implicar presión, malestar o abuso de poder:
«No exageres, fue una broma».
“Sabes que puedo ayudarte mucho… si tú también me ayudas”.
«No se lo digas a nadie, esto es entre nosotros».
«Con esa falda cómo no quieres que te miren».
«Así es él, tienes que aprender a manejarlo».
Estas son sólo algunas de las frases que la presentadora puso sobre la mesa para mostrar cómo el acoso puede camuflarse en la vida cotidiana y pasar desapercibido bajo la idea de lo “normal”.
Un mensaje que conectó con miles de personas
La publicación pronto generó una respuesta masiva. En los comentarios, numerosos usuarios comenzaron a compartir sus propias experiencias y a agregar nuevas frases que, en base a sus vivencias, reflejan también formas normalizadas de acoso o malestar.
Te puede interesar: “Tenía que darle un beso”: La actriz María José Martínez denuncia graves episodios de acoso en reality shows y emisoras de radio
Este efecto muestra cómo el tema trasciende el ámbito del entretenimiento y se extiende a diferentes sectores laborales, donde persisten dinámicas de poder y comportamientos que hoy están siendo cuestionados con mayor fuerza.
Bahamón también hizo referencia al impacto emocional que generan estas situaciones: «Me duele este tema. Me parte el corazón pensar en todo lo que han tenido que callar, soportar o justificar. Y también me genera una enorme frustración e impotencia». Con estas palabras reforzó la dimensión humana del problema, más allá de cualquier debate mediático.
Un llamado a romper el silencio
El mensaje concluye con una invitación directa a dejar de minimizar estos comportamientos y transformar las dinámicas que los permiten. «No más silencio. No más normalización. Estoy con ustedes», escribió, resumiendo el significado de su declaración.
En medio de una conversación pública que aún se desarrolla e investigaciones que aún no tienen conclusiones definitivas, su intervención se suma a un debate más amplio sobre el respeto en los espacios de trabajo, el uso del poder y la importancia de escuchar a quienes deciden hablar.
Más allá de nombres propios o casos concretos, lo que queda sobre la mesa es una discusión necesaria: cómo reconocer, cuestionar y erradicar conductas que durante años fueron toleradas y que hoy, con cada vez más claridad, se señalan.
