Para los pobladores de Kabul y los decenas de miles que han buscado refugio las últimas semanas en la capital, el sentimiento dominante era de aprensión y temor.
«Tomamos nota del retorno de los talibanes en Afganistán, y esperamos que su llegada traiga paz y no un baño de sangre. Recuerdo, cuando era niño, las atrocidades cometidas por los talibanes» dijo a la agencia AFP Tariq Nezami.
Muzhda, una mujer soltera de 35 años que llegó a la capital con sus dos hermanas tras huir de la vecina Parwan, dijo estar aterrorizada.
«Estoy llorando día y noche. Si llegan los talibanes y me obligan a casarme, me suicido», aseguró a la AFP.
Los talibanes impusieron una versión estricta del islam cuando gobernaron Afganistán de 1996 a 2001.
Las mujeres no podían trabajar ni salir sin estar acompañadas por un hombre, y se prohibía a las jóvenes y niñas ir a la escuelas. A los ladrones se les cortaban las manos, los asesinos eran ejecutados públicamente y los homosexuales eran liquidados.
Pero los talibanes tratan de mostrar hoy una imagen más moderada y han prometido que si vuelven al poder respetarían los derechos humanos, en especial los de las mujeres, aunque de acuerdo con los «valores islámicos».
No obstante, en las zonas que han conquistado, ya han sido acusados de varias atrocidades, como asesinatos, decapitaciones, o secuestros de mujeres adolescentes para casarlas por la fuerza.
En medio de este temor de retorno al pasado, Biden advirtió el sábado que si los insurgentes talibanes intentaban interrumpir la evacuación estadounidense, encontrarían una «rápida y fuerte respuesta militar estadounidense».
Tomado de: EFE y AFP
