El Gobierno Nacional dio un giro inesperado en su política antidrogas con el anuncio de la reactivación de las fumigaciones con glifosato, esta vez utilizando tecnología de drones para combatir cultivos ilícitos.
El Ministro de Justicia, Andrés Idárraga, aclaró que no se trata de un retorno a la fumigación aérea masiva desde aviones, sino de una técnica terrestre controlada que busca atacar directamente las zonas donde grupos armados ilegales obligan a los agricultores a sembrar hoja de coca.
Según el funcionario, el plan piloto se iniciará en el Cauca entre el 26 y 27 de diciembre, una vez que se reciba la aprobación de la Autoridad Nacional de Licencia Ambiental (ANLA).
La estrategia operativa consiste en el uso de drones que volarán a una altura máxima de 1,5 metros sobre las plantas, una distancia tan corta que, según el Gobierno, mitiga los riesgos para la salud humana y el medio ambiente generados por las fumigaciones desde grandes alturas en el pasado.
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Estos dispositivos tecnológicos tienen capacidad para recorrer una hectárea de coca en tan solo 30 minutos, incluido el tiempo necesario para el cambio de baterías. La medida cuenta con el respaldo del Consejo Nacional Antinarcóticos y será supervisada visualmente por la Policía Nacional para garantizar que el químico caiga exclusivamente en cultivos ilícitos.
Este cambio de rumbo responde a la delicada situación de orden público en departamentos como Cauca, Arauca y Catatumbo, donde las disidencias de las FARC y el ELN han logrado superar en número a la fuerza pública y han instrumentalizado a la población civil para impedir los esfuerzos de erradicación manual.
Si bien el uso de glifosato ha sido históricamente un tema de intensa disputa legal y social en Colombia, el Ejecutivo defiende esta “fumigación dirigida” como una herramienta necesaria ante el fracaso de otros métodos en zonas de alta conflictividad.
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